.Oriana Savino, violín
.Analía Vega Karl, violín
.Emma Chacón Oribe, violoncello
.Diego Barraza, viola
.Próspero,
Espacio Cultural, Mar del Plata, 11 de octubre, hora 18
Dos
obras de centrales del repertorio de la formación, fueron las abordadas por el
Cuarteto de cuerdas de la Sierra que, formado en parte por integrantes de la
Orquesta Sinfónica Municipal, viene presentándose desde 2025 en distintos
espacios de la ciudad.
A tal
centralidad se refirió Analía Vega Karl al brindar el marco estético de las
referidas, abordando asimismo los aspectos más importantes de cada lenguaje y
de la forma macro de los referidos opus.
El Cuartero opus 20, nro. 2, en do mayor,
de Franz Joseph Haydn (1732-1809) abrió
el programa.
Los seis
cuartetos de cuerda del opus 20 (1772) establecieron un lenguaje nuevo para la
formación, en el cual los instrumentos, en lugar del protagonismo del primer
violín o ambos violines, que lideraban el desarrollo melódico se pasa, en este
opus no solo a una paridad en importancia en las voces instrumentales sino a
una mayor libertad y exploración formal.
Ejemplo
de ello es el propio comienzo, Moderato
en do mayor, una forma sonata con introducción contrapuntística. El Capriccio, adagio en do menor, es por
demás enigmático e inquietante. Cuando esperamos una tonalidad de la mayor
(dominante del do mayor inicial) nos encontramos con un comienzo en do menor.
Pensamos entonces en que Haydn, el paradigma del músico clásico, era en
realidad un gran experimentador y que en su música este tipo de concepciones
sorprendentes con en verdad esperables por lo frecuentes. Como si ese enigma
del comienzo, en forma de recitativo, fuera poco, en el tratamiento central
asistimos a la fragmentación del material y luego a un inesperado tratamiento
lírico en la bellísima melodía del violín primero, para regresar luego a la
sección inicial expandida.
Cuando
esperamos del Minueto –tercer
movimiento en forma ternaria ABA- la estabilidad que consideramos propia del clasicismo,
asistimos a una suerte de alteración de la regularidad rítmica y de la relación
armónica entre los distintos registros.
Quizás
una de las mayores sorpresas la tengamos al final, en el cuarto movimiento en
forma de fuga Fuga, lo cual era
totalmente inusual hasta ese momento.
Se trata
de un pasaje técnicamente muy comprometido, en el cual el sujeto de la fuga es
transformado y expuesto en stretto
(la línea se interrumpe y es retomada por otra voz) y en movimiento contrario.
Todo
ello está dado en la particular gracia y amabilidad de la música de Haydn.
El Cuarteto de cuerdas nro. 12, opus 96, en fa
mayor, de Antonin Dvorak
(1841-1904) cerró el programa.
En su
período creativo transcurrido en Estados Unidos (1892-1895) Dvorak produjo lo
que acaso sea lo más difundido de una extensa obra donde cada opus es una
creación plena y única: El quinteto nro.3
opus 97, en mi bemol mayor, Americano; el Concierto para violoncello y orquesta en si menor, opus 104; la Sinfonía
nro. 9 en mi menor, opus 95 del Nuevo Mundo, así como el cuarteto que nos
ocupa.
Más allá
de la inspiración melódica, es muy importante el sincretismo que el compositor
logra entre elementos eslavos (como la síncopa y los ostinatos rítmicos, los ritmos puntillados, el modo eólico) y la música folklórica americana, con
influencias de la música celta, llevada por los colonos y, particularmente, las
escalas pentatónicas en las que se encuentra escrito este cuarteto que Dvorak
escribió en Spilville, Iowa, un pueblo con una importante colonia checa.
El hecho
de ser un compositor de música pura, como Brahms, es decir, de obras concebidas
en términos musicales y regidas por leyes puramente musicales, introduce
algunos pasajes descriptivos, como en la segunda frase el tercer movimiento –Scherzo- donde el primer violín imita el
canto de la Tangala, un ave migratoria del norte de Estados Unidos, o en el
cuarto, movimiento, se inspira en la marcha del tren.
El
primer tema del primer movimiento Allegro
ma non troppo en forma sonata, comienza en la escala pentatónica de fa
mayor y tras un serie de modulaciones (la menor, mi mayor, la bemol mayor),
lleva al segundo tema en la mayor. Las aventuras sonoras de ambos temas, que
pasan por los distintos instrumentos, incluyen un fugato en la sección de desarrollo. Obra rica en todos los aspectos
(melódicos, rítmicos, armónicos) es compleja en su interpretación en parte por
el permanente cambio de intensidades.
El
segundo movimiento, Lento está desarrollado
en una bellísima y sencilla melodía con una introducción en la escala pentatónica
de re menor, melodía que –en la forma ternaria ABA- se expandirá en las restantes
voces instrumentales.
El scherzo
del tercer movimiento, Molto vivace
responde a la alternancia entre el scherzo y el trío que se reitera, la segunda
vez con una expansión en las voces instrumentales (ABABA) discurre en ritmos
cruzados.
El Finale vivace ma non troppo es un rondó simétrico que se deriva de la
escala pentatónica de fa mayor y alterna el material del scherzo con los
distintos episodios. Uno de dichos episodios corresponde al coral que Dvorak
interpretaba en el órgano de la iglesia de Spilville. Como en otras obras, es
una manera de relajar la dinámica previa y ser una suerte de instancia de
reflexión –esto parece algo no infrecuente en otras obras: un elemento breve se
introduce y al hacerlo nos hace percibir más claramente el contexto, sucede por
ejemplo en la Metamorfosis para 23 instrumentos
de cuerda solistas de Richard Strauss- .
La coda
final surge del material del rondó.
Una lucida interpretación
Lugares como el tema del segundo
movimiento del Cuarteto Americano demandan un gran lirismo en el primer violín,
al cual se le confían varios pasajes cantábiles, en un grado diferente, la
demanda se extiende a las restantes voces instrumentales, aunque quizás el más
audible sea el primer violín.
Reglón
aparte merecen los cambios dinámicos permanentes, en ambas obras.
Estuvimos
ante un cuarteto perfectamente ensamblado, muy pendiente de las inflexiones,
los pasajes rápidos y la afinación. Al igual que el día anterior en el
concierto del Florilegium Musicum, la humedad ambiente fue un factor de mucha
incidencia, que debió ser manejado por un ajuste en la afinación de los
instrumentos del cuarteto tras cada movimiento, lo que habla del detalle con el
que fueron abordadas las obras en un proceso de preparación coetáneo con el
concierto del día anterior de la Orquesta Sinfónica.
Analía Vega
Karl cerró la audición señalando que en una cultura de permanente flujo vidual
e inmediatez, de cosas que fluyen y desapareen, el valor de los instrumentos acústicos
es muy relevante: ellos vibran, son algo vivo y “al hacerlo también nos hacen
vibrar como interpretes” en esa corriente que, particularmente un grupo de cámara
requiere.
Hacer la
música, sentir los instrumentos y transmitir esas sensaciones: para hacerlo
eligieron obras mayores de la literatura de la formación a la cual se han
consagrado.
Eduardo
Balestena


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