lunes, 12 de octubre de 2026

Concierto del Cuarteto de cuerdas de la Sierra


 

 

.Oriana Savino, violín

.Analía Vega Karl, violín

.Emma Chacón Oribe, violoncello

.Diego Barraza, viola

            .Próspero, Espacio Cultural, Mar del Plata, 11 de octubre, hora 18

 

            Dos obras de centrales del repertorio de la formación, fueron las abordadas por el Cuarteto de cuerdas de la Sierra que, formado en parte por integrantes de la Orquesta Sinfónica Municipal, viene presentándose desde 2025 en distintos espacios de la ciudad.

            A tal centralidad se refirió Analía Vega Karl al brindar el marco estético de las referidas, abordando asimismo los aspectos más importantes de cada lenguaje y de la forma macro de los referidos opus.

 

            El Cuartero opus 20, nro. 2, en do mayor, de Franz Joseph Haydn (1732-1809) abrió el programa.

            Los seis cuartetos de cuerda del opus 20 (1772) establecieron un lenguaje nuevo para la formación, en el cual los instrumentos, en lugar del protagonismo del primer violín o ambos violines, que lideraban el desarrollo melódico se pasa, en este opus no solo a una paridad en importancia en las voces instrumentales sino a una mayor libertad y exploración formal.

            Ejemplo de ello es el propio comienzo, Moderato en do mayor, una forma sonata con introducción contrapuntística. El Capriccio, adagio en do menor, es por demás enigmático e inquietante. Cuando esperamos una tonalidad de la mayor (dominante del do mayor inicial) nos encontramos con un comienzo en do menor. Pensamos entonces en que Haydn, el paradigma del músico clásico, era en realidad un gran experimentador y que en su música este tipo de concepciones sorprendentes con en verdad esperables por lo frecuentes. Como si ese enigma del comienzo, en forma de recitativo, fuera poco, en el tratamiento central asistimos a la fragmentación del material y luego a un inesperado tratamiento lírico en la bellísima melodía del violín primero, para regresar luego a la sección inicial expandida.

            Cuando esperamos del Minueto –tercer movimiento en forma ternaria ABA- la estabilidad que consideramos propia del clasicismo, asistimos a una suerte de alteración de la regularidad rítmica y de la relación armónica entre los distintos registros.

            Quizás una de las mayores sorpresas la tengamos al final, en el cuarto movimiento en forma de fuga Fuga, lo cual era totalmente inusual hasta ese momento.

            Se trata de un pasaje técnicamente muy comprometido, en el cual el sujeto de la fuga es transformado y expuesto en stretto (la línea se interrumpe y es retomada por otra voz) y en movimiento contrario.

            Todo ello está dado en la particular gracia y amabilidad de la música de Haydn.

 

            El Cuarteto de cuerdas nro. 12, opus 96, en fa mayor, de Antonin Dvorak (1841-1904) cerró el programa.

            En su período creativo transcurrido en Estados Unidos (1892-1895) Dvorak produjo lo que acaso sea lo más difundido de una extensa obra donde cada opus es una creación plena y única: El quinteto nro.3 opus 97, en mi bemol mayor, Americano; el Concierto para violoncello y orquesta  en si menor, opus 104;  la Sinfonía nro. 9 en mi menor, opus 95 del Nuevo Mundo, así como el cuarteto que nos ocupa.

            Más allá de la inspiración melódica, es muy importante el sincretismo que el compositor logra entre elementos eslavos (como la síncopa y los ostinatos rítmicos, los ritmos puntillados, el modo eólico) y  la música folklórica americana, con influencias de la música celta, llevada por los colonos y, particularmente, las escalas pentatónicas en las que se encuentra escrito este cuarteto que Dvorak escribió en Spilville, Iowa, un pueblo con una importante colonia checa.

            El hecho de ser un compositor de música pura, como Brahms, es decir, de obras concebidas en términos musicales y regidas por leyes puramente musicales, introduce algunos pasajes descriptivos, como en la segunda frase el tercer movimiento –Scherzo- donde el primer violín imita el canto de la Tangala, un ave migratoria del norte de Estados Unidos, o en el cuarto, movimiento, se inspira en la marcha del tren.

            El primer tema del primer movimiento Allegro ma non troppo en forma sonata, comienza en la escala pentatónica de fa mayor y tras un serie de modulaciones (la menor, mi mayor, la bemol mayor), lleva al segundo tema en la mayor. Las aventuras sonoras de ambos temas, que pasan por los distintos instrumentos, incluyen un fugato en la sección de desarrollo. Obra rica en todos los aspectos (melódicos, rítmicos, armónicos) es compleja en su interpretación en parte por el permanente cambio de intensidades.

            El segundo movimiento, Lento está desarrollado en una bellísima y sencilla melodía con una introducción en la escala pentatónica de re menor, melodía que –en la forma ternaria ABA- se expandirá en las restantes voces instrumentales.

            El scherzo del tercer movimiento, Molto vivace responde a la alternancia entre el scherzo y el trío que se reitera, la segunda vez con una expansión en las voces instrumentales (ABABA) discurre en ritmos cruzados.

            El Finale vivace ma non troppo es un rondó simétrico que se deriva de la escala pentatónica de fa mayor y alterna el material del scherzo con los distintos episodios. Uno de dichos episodios corresponde al coral que Dvorak interpretaba en el órgano de la iglesia de Spilville. Como en otras obras, es una manera de relajar la dinámica previa y ser una suerte de instancia de reflexión –esto parece algo no infrecuente en otras obras: un elemento breve se introduce y al hacerlo nos hace percibir más claramente el contexto, sucede por ejemplo en la Metamorfosis para 23 instrumentos de cuerda solistas de Richard Strauss- .

            La coda final surge del material del rondó.

 

            Una lucida interpretación

            Lugares como el tema del segundo movimiento del Cuarteto Americano demandan un gran lirismo en el primer violín, al cual se le confían varios pasajes cantábiles, en un grado diferente, la demanda se extiende a las restantes voces instrumentales, aunque quizás el más audible sea el primer violín.

            Reglón aparte merecen los cambios dinámicos permanentes, en ambas obras.

            Estuvimos ante un cuarteto perfectamente ensamblado, muy pendiente de las inflexiones, los pasajes rápidos y la afinación. Al igual que el día anterior en el concierto del Florilegium Musicum, la humedad ambiente fue un factor de mucha incidencia, que debió ser manejado por un ajuste en la afinación de los instrumentos del cuarteto tras cada movimiento, lo que habla del detalle con el que fueron abordadas las obras en un proceso de preparación coetáneo con el concierto del día anterior de la Orquesta Sinfónica.

            Analía Vega Karl cerró la audición señalando que en una cultura de permanente flujo vidual e inmediatez, de cosas que fluyen y desapareen, el valor de los instrumentos acústicos es muy relevante: ellos vibran, son algo vivo y “al hacerlo también nos hacen vibrar como interpretes” en esa corriente que, particularmente un grupo de cámara requiere.

            Hacer la música, sentir los instrumentos y transmitir esas sensaciones: para hacerlo eligieron obras mayores de la literatura de la formación a la cual se han consagrado.

           

             

 

 

Eduardo Balestena

No hay comentarios:

Publicar un comentario