domingo, 9 de agosto de 2026

Concierto de Daniela Salinas


 

.Daniela Salinas, piano

.Teatro Colón de Buenos Ares, Salón Dorado, 6 de agosto, hora 19.

 

            La pianista Daniela Salinas brindó un concierto en el salón dorado del Teatro Colón con un repertorio íntegramente dedicado a compositores americanos.

 

            La variedad de autores abordados, los distintos lenguajes y el amplio espectro de recursos musicales de creaciones de corta duración significaron una propuesta por demás variada, interesante en lo musical y demandante en lo interpretativo.

            La maestra Salinas hizo una referencia, formal y estilística, de cada una de las obras que integraron el repertorio.

           

El Intermezzo nro. 1, de Manuel Ponce (1882-1948) abrió la presentación. En su brevedad, es una obra de gran belleza  que se basa en un sencillo motivo con un momento de enunciación y otro de respuesta que, luego de una breve introducción, es presentado en el compás 8 en lo que surge también como el establecimiento de su centro tonal; el motivo luego irá teniendo cambios en el registro y en el tempo, para volver a su disposición inicial con la indicación de tempo primo y luego llevar a cabo otro breve desarrollo.

 

            El segundo trabajo fue el Preludio (canción) de Carlos Guastavino (1912-2000) Escrito en 1940 y descubierto en 2020. A diferencia de la anterior, el preludio está concebido en una sonoridad amplia y en el trabajo sobre un tema inicial que comienza con una nota suave y se intensifica, para luego discurrir muy libremente como si el piano lo explorara hacia una sección de desarrollo, para luego decrecer gradualmente.

 

            Muy contrastantes entre sí fueron el Preludio de Bachianas Brasileiras nro. 4; Coral de Bachianas Brasileiras nro 4 y Dansa do Indio Branco de Ciclo Brasileiro de Héctor Villa-Lobos (1887-1959), En el primer caso, con un rigor que habla de su admiración por Bach, el motivo central se encuentra ya en el primer compás, con un tratamiento que se complejiza y cambia siempre desde un mismo centro hasta el ritardando del final; casi por oposición, el Dansa se encuentra en un registro más grave y su material es una suerte de rápido ostinato en semicorcheas. El material está planteado en esa reiteración y es indicativo de su conocimiento de los ritmos folklóricos.

 

            Las siguientes obras, Noturno nro. 4 de José Antonio Pérez Prado (1943-2010; Odeón, de Ernesto Nazareth (1863-1934) y Negaceando (choro) y Capoeirando, de ocho estudios en forma de choro, de Radamés Gnattali (1906-1988) van desde la belleza calma y contemplativa a la compleja alternancia de ritmos de jazz y de música folklórica brasilera.

 

            Luego fueron interpretados El gordo triste, en arreglo para piano de Alejandro Sarmentero y Lo que vendrá, de Tango de concierto arreglo de Pablo Estigarribia, de Astor Piazzolla (1921-1992) de constantes cambios y una compleja y rápida escritura, que hace que el material vaya siendo transformado permanentemente, con acentos y breves momentos calma.

 

            El programa concluyó con Estudios sobre Embraceable you, de siete estudios virtuosos, arreglo de Earl Wild y Varaciones virtuosas sobre Summertime, arreglo de Fazil Say, de George Gershiwin (1898-1937). La grabación de Earl Wild con la Orquesta Boston Pops bajo la dirección de Arthur Fielder del Concierto en fa de Gershwin es referencial, así también lo es este arreglo del gran pianista.

            El tema de Summertime siempre resaltado en su enorme belleza melódica es tomado en las variaciones en todo el potencial que tiene para lograr efectos muy diferentes de aquellos con los que fue concebido.

 

            Daniela Salinas presentó una selección de obras que en cada concepción son una cúspide; demandan un amplio dominio formal tanto en lo puramente estético como en el dominio técnico que requieren complejos pasajes rápidos o intrincados esquemas rítmicos.

Dio muestra, con un dominio evidente del instrumento y del repertorio, de su virtuosismo en obras que –por su alto valor- es imperioso conocer y transitar.

 

 

 

   

 

 

Eduardo Balestena

lunes, 6 de julio de 2026

Concierto de Alicia Ciancio en Villa Victoria Ocampo


 

 

.Solista Alicia Ciancio

.Centro Cultural Villa Victoria Ocampo, Mar del Plata        

.5 de julio de 2026, hora 18

           

            La pianista Alicia Ciancio lleva a cabo una permanente actividad en distintos espacios, esta vez, se presentó nuevamente en Villa Victoria Ocampo.

           

La Sonata nro. 8, en do menor, opus 13,  conocida por la denominación de Patética con la que la difundió su editor, de Ludwig van Beethoven (1770-1827), fue la primera obra del repertorio abordado.

            Beethoven escribió esta sonata en 1798, a la edad de 27 años, en ese estadio de su carrera, concibió la que ya es una obra de madure en la que se encuentran  consolidadas las ideas compositivas de los opus posteriores del género. El Allegro di molto con brio inicial (en compás binario, 2/2) comienza con un motivo intrigante que conduce a un primer tema enérgico y sumamente rápido en el modo menor. Escrito en la forma sonata el movimiento es expuesto en tres temas, en lugar de los dos temas usuales de dicha forma, el segundo de los cuales es en si bemol menor, es decir que en lugar de modular al modo mayor, que sería lo esperado en dicha forma, la transición es hecha al modo menor, para ir al mi bemol mayor en el tercer tema. Se produce una sensación de cambio y desconcierto al mismo tiempo. Lejos de terminar allí, los cambios hacen que la sección de desarrollo comience en sol menor, para ir luego al do menor. Más allá de la energía de la obra, hay en ella innovaciones en la concepción armónica.

            El Adagio cantábile, segundo movimiento está desarrollado en una forma de rondó simple (en lugar de lied ABA habitual en los segundos movimientos) a partir de una melodía sencilla y sumamente bella, llena de connotaciones que los diferentes episodios van expandiendo

            El Rondó allegro final, en do menor y compás 2/2 vuelve sobre temas de los anteriores movimientos y confiere a esta obra tan importante en el desarrollo del género, de un fuerte sentido de unidad.

 

            La Sonata nro. 21, opus 53, en do mayor, conocida como Waldstein, de Ludwig van Beethoven, fue la obra siguiente del programa.

            Se trata, indudablemente, de una de las obras centrales, más innovadoras en el género y en el lenguaje musical, de una fuerte impronta rítmica, contrastante, con elementos musicales en pugna y una concepción armónica también diferente; compuesta de manera coetánea con la Sinfonía nro. 3, opus 55 en mi bemol mayor, Eroica, y con la dialéctica de oposición de la sinfonía, fue influida por la aparición del nuevo fortepiano Erard, en 1803.

            Sumamente compleja para la interpretación, el Allegro con brio del primer movimiento comienza en el ritmo 4/4, con una serie de acordes en pianísimo y un tema rítmico y expansivo que, al ampliarse a nuevos elementos abre un aspecto sonoro inesperado, en el cual se suceden pasajes breves de distensión hasta el regreso del motivo obsesivo que vertebra el movimiento.

            Sería extenso enumerar los desafíos para el intérprete, baste decir que, como es habitual en el compositor, el segundo movimiento Introduzione adagio molto , en fa mayor y ritmo 6/8 (28 compases) conduce, sin solución de continuidad, al Rondó allegro moderato en do mayor, en 4/4 (543 compases) del tercer movimiento, en forma rondó (A-B-A-C- desarrollo- A-B-coda) en el cual, una modulación inicial lleva a tema pastoral, precedido de un largo desarrollo de sesgo misterioso, donde parece no suceder nada, pero del cual nace el referido motivo pastoral del cual surge de nuevo una pugna de elementos que se suceden, se enfrentan y desarrollan en una permanente transformación motívica y en distintas modulaciones.

 

            Luego de casi una hora dedicada a dos sonatas tan importantes, la concertista sorprendió con el anuncio de las siguientes, los Estudios nro. 1, 2 y 5 del opus 10 de Frederic Chopin (1810-1849) refiriéndose a las particularidades técnicas de obras a la vez desbordantes y sumamente controladas, que combinan la amplitud de registros con la imaginación poética (nro.1); la arquitectura tonal (nro.2) o los intervalos disonantes (nro5) así como la polirritmia. Chopin logró una sonoridad completamente nueva, fluida y extremadamente cuidada-

 

            Con el Concierto de Varsovia, de Richard Addinsell (1904-1977) en su versión para piano solista finalizó la presentación.

            Según la explicación brindada por la pianista, fue escrito como música del filme Luz de luna peligrosa (1941, de Brian Desmond Hurst) en atención a que la idea de utilizar como banda sonora el tema inicial del segundo movimiento del Concierto nro. 2, opus 18, en do menor de Rachmaninov, implicaba un cuantioso pago de derechos. La obra de Addinsell emplea un motivo similar al del compositor ruso como episodio en un desarrollo a partir de dos temas principales, reiterados en acordes de diferentes intensidades y duraciones.

            Este sencillo material da por resultado una música muy eficaz.

 

            En el marco de una música de cámara, en el sentido más amplio del término, la maestra Alicia Ciancio se refirió, una a una, a las obras del repertorio. No contó con el instrumento más adecuado para abordarlo debido a la opacidad e insuficiente densidad del sonido en gran parte de la extensión, lo que se hizo notorio en los pasajes ligados, particularmente en los más suaves. En otros, la propia intensidad de los acordes hizo menos notorias las referidas carencias.

            La maestra Ciancio (quien tiempo atrás interpretó el concierto nro. 1, opus 23 en si bemol mayor, de Tchaicovsky con nuestra sinfónica) , además directora de orquesta que ha llevado a cabo un extenso trabajo con las orquestas escuela,  abordó dos sonatas de Beethoven, como casi todas las del compositor, de gran demanda técnica, y otras obras también de gran requerimiento, como los estudios de Chopin; su dominio técnico de pasajes siempre comprometidos, rápidos en su mayor parte, las polirritmias que tanto unas como otras obras tienen en partes de su extensión, hablan de la solidez de su formación y del modo en que maneja su repertorio.

            Dueña de un particular carisma, hizo notoria tanto su capacidad en lo estético y formal de las obras como su dedicación a la música.   

 

 

Eduardo Balestena

   

 

           

           

           

martes, 23 de junio de 2026

Kei Solvang en la sala del Museo de Grieg en Troldhaugen




 

.Solista Kei Solvang, piano

.Sala de la Casa Museo de Edvard Grieg, Troldhaugen, Bergen, Noruega   

.16 de junio de 2026

           

            La pianista Kei Solvang interpretó una selección de obras pertenecientes a la colección de Piezas Líricas de Edvard Grieg (1843-1907).

El conjunto de dichas piezas  abarca 66 obras, escritas entre 1867 (opus 12) a 1901 (opus 71) y constituye un corpus central en la producción pianística del compositor. En efecto, combinan ritmos y formas danzantes, de gran belleza e inspiración melódica, con progresiones armónicas y acentos tajantes, en un tejido de cambios de compás y variaciones dinámicas en toda su extensión. El permanente cambio hacia elementos tan bellos como inesperados es una marca de este corpus.

            Filiadas las piezas de referencia en el nacionalismo romántico, las formas tradicionales noruegas son una fuente de inspiración más que una utilización textual de sus métricas.

            Podemos datar las obras seleccionadas para el concierto entre aproximadamente 1873 la del opus 19;  1885 las del opus 43; 1892/93 la del opus 54; y 1901 la del opus 73. De la simple enumeración, advertimos que solo las piezas del opus 19 fueron escritas en la residencia anterior de Grieg y que el resto lo fue en el lugar donde las escuchamos, la residencia en la que vivió desde 1886.

            Cada pieza tiene una narrativa propia, con motivos repetitivos que van mutando, o desarrollos en forma de lied (ABA) o en forma rondó, con un refrán que se reitera y alterna con diferentes episodios; tal como sucede en otros opus, como el último movimiento del concierto en Fa de Gershwin o también en el último movimiento del nro. 2 de Bela Bartók: a la exposición de un motivo central, o refrán, suceden distintos episodios, presentados a partir del refrán al que se vuelve entre cada episodio. El opus 65 nro. 6, como sucede en varios de los conciertos para piano de Mozart, parece responder a la forma rondó/sonata: el motivo central funciona como una exposición y los episodios como un desarrollo y re exposición, para finalizar con una suave nota final luego de la coda; ello sucede con alternancia de ritmos terciarios y de un marcado 2/2 en el desarrollo centra, contrastante con el resto del material  El motivo inicial es ascendente, se mantiene en una altura donde es desarrollado y baja para, inmediatamente, conducir a un elemento nuevo.

Es decir, que ese fluir tan imaginativo como delicado es expuesto dentro de una forma muy elaborada y requiere una gran ductilidad en el fraseo y a la vez la energía que demandan los pasajes más intensos.

            Las obras interpretadas fueron; Primavera, op. 43, nro. 6; Mariposas, op.43, nro. 1; Día de esponsales en Trolhaugen, op. 65, nro. 6; En mi país natal, opus 43 nro. 3; Marcha de los trolls, opus 54, nro. 3; Víspera de verano, opus 71 nro. 2 y Escena de Carnaval, opus 19., nro. 3.

            Sucede que cuando la música  tiene en sí una gran belleza melódica el oyente repara en eso antes en la complejidad dada por ese permanente cambo de intensidades y el dominio formal  absoluto que el intérprete debe tener para lograr la espontaneidad que es la esencia de un lenguaje eminentemente pianístico: en efecto, explora las posibilidades expresivas del instrumento y logra una línea musical que parece una improvisación.

            En el diálogo posterior al concierto con la pianista quedó muy claro este aspecto: un intérprete debe tener el dominio formal de una estructura compleja y la fluidez para hacerla grácil, flexible y elegante.

            Nacida en Japón, en 2002, Kei Solvang ya tiene una trayectoria extensa. Basta escuchar un registro como el de la Partita nro. 2,  en do menor, BWV 826 de Bach para hacer evidente su poder de abordar texturas muy complejas y diferentes entre sí. Se refirió a su preferencia  por las obra de Beethoven de su período medio y por Debussy. Por lo demás, se trata de una persona sumamente accesible al diálogo y dueña de una elegancia y soltura a la hora de referirse –en un inglés perfecto- a cada obra.

            Mencionó lo entrañable que este repertorio es para ella.

 

            Kei Solvgang se perfecciona en Alemania. Asimismo, oportunamente fue aceptada para estudiar en la Academia Grieg para jóvenes talentos, Universidad de Bergen. Entre 2019 y 2022 fue miembro del programa de talentos de la academia Jiri Hlinka, una entidad internacional con sede en Bergen.

            Ha obtenido premios en diferentes concursos internacionales y, entre otros logros, ha sido  finalista en la competición Cecilia International Competition y primer premio en la Competición Orbetello para piano. Ha recibido distintas becas.

 

            La oportunidad de escuchar una selección de las Piezas Líricas de Grieg en la casa del gran compositor, lugar en el cual la mayor parte de ellas fue escrita, por parte de una intérprete como Kei Solvang fue una experiencia musical de excepción.   

            Eduardo Balestena




jueves, 12 de febrero de 2026

Concierto final de la 35 edición del Campus Musical de Santa María de la Armonía


 


.Director: Maestro Jordi Mora

.Solistas e intérpretes: Florencia Ordoñez (violín); Mariana Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano); Juan Francisco Stella, viola; Juan Manuel Franco, cello; Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni, oboe, Juan Fernando Páez (corno inglés); Ana Paula Rodríguez Nuñez (piano); Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello); Catalina Marchini (piano); Ayelén Isaia (soprano), Agistín Campo (piano)

            .Santa María de la Armonía, Cobo, 11 de febrero, hora 18

           

            El Campus Musical de Santa María de la Armonía tuvo su primera edición en 1991, es decir que la presente fue la trigésimo quinta. Como suele suceder, hubo nuevos participantes y otros que han venido en oportunidades anteriores, lo cual es una constante indicativa de lo que el trabajo llevado a cabo durante la semana en que el campus tiene lugar, les aporta.

            Hay un predominio de músicos jóvenes, en plena formación y también hay otros muy experimentados; según las obras de que se trate, tocan juntos.

            El concierto final es la presentación y celebración de un trabajo y una convivencia musical.

           

           

Primera parte

El extenso programa fue iniciado con la allemanda y giga de la  Partita nro.2 en re menor BWN 1004 de Johann Sebastian Bach (1685-1750) interpretada por Florencia Ordoñez en violín, de gran dificultad técnica en el instrumento, que abordó con gran solvencia y un acabado dominio instrumental.

Maria Juliana Rufail y Juan Simón Tori hicieron lo propio con el adagio y el allegro de la Sonata nro. 2 para viola y teclado en re mayor, BWV 1028, de Johann Sebastian Bach obra de gran musicalidad y dulzura que demanda un gran manejo del fraseo.

Por su parte, Juan Francisco Stella abordó, en viola, el preludio, la sarabanda y la giga de la Suite nro.1 para cello en sol mayor, de Johann Sebastian Bach; el célebre y bellísimo preludio es la puerta de entrada al tan complejo como inagotable mundo de las suites para cello del gran compositor.

El preludio, la sarabanda, el menuet 1 y el 2 y la giga de la Suite para cello nro. 2, en re menor de Johann Sebastian Bach fueron interpretados por Juan Manuel Franco, en cello, que requiere del instrumento una sutil gama de inflexiones.

El Trío para 2 oboes y corno inglés op.87 de Ludwig van Beethoven (1770-1827) fue abordado por Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni (oboe) y Juan Fernando Páez (corno inglés) en los movimientos allegro, adagio y finale-presto. Se trata de una obra de sonoridades netas y rápidas, articuladas en motivos y oírla da la idea de un mecanismo de engranajes tan finalmente encastrado que todo debe ser absolutamente preciso.

Ana Paula Rodriguez Nuñez –a quien entrevistamos en dos oportunidades para el programa De paraíso para usted- fue becada para estudiar en Suiza en 2025 y recientemente en Italia, para 2026; respecto a la edición anterior del campus es dable apreciar la expansión de su abordaje musical, en la oportunidad con la Sonata nro.17, opus 31  “Tempestad”  en re menor, de Ludwig van Beethoven. El trabajo en el campus permitió apreciar la elaborada textura de un opus que discurre, por ejemplo en el tercer movimiento, con la presencia casi constante de un fuerte elemento rítmico –el maestro señala que en música no hay repeticiones: alude a que el elemento es invariable pero al mismo tiempo no lo es, ya que las frases se intensifican y relajan a lo largo de ese discurrir, que se encuentra dado en una armonía tan cambiante como la propia intensidad. Va de suyo que en una textura de tensión/distención permanente, la interpretación solo puede estar lograda si es capaz de plasmar todas las complejidades dinámicas y armónicas que le plantea la partitura. En un dialogo posterior, sin embargo, la intérprete manifestó que el más difícil es el segundo movimiento adagio, en si bemol mayor.

 

Segunda parte

La siguiente secuencia abrió con el allegro del Cuarteto con piano en sol menor, K. 478 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) interpretado por Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello) y Juan Simón Tori (piano). Alumnos del Programa Creciendo en Armonía, los tres intérpretes mencionados en primer término, vienen llevando a cabo una actividad sostenida en el campo musical. Nerea Baldi ingresó a la Orquesta del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y Felipe Garese (a quien entrevistamos oportunamente para el programa De paraíso para usted), entre otras actividades, ha tocado en la Orquesta Estable del Teatro Colón.

La Sonata en do mayor para dos cellos G.74 de Luigi Boccherini (1743-1805) fue interpretada por Juan Manuel Franco y Felipe Garese, que lograron la amalgama sonora que tan bella obra requiere.

Juan Simón Tori, -a quien también pude entrevistar en al menos dos ocasiones- abordó el Nocturno nro. 1 opus 40, de Frederic Chopin (1810-1849) el año pasado lo hizo con la Sonata nro. 23, opus 57, “Appasionata” de Beethoven. Delicadeza sonora, expansión del material temático, la sensación de una línea que va siendo improvisada y luego una gran intensidad, son muy diferentes a las de la obra del año anterior. Juan Simón Tori es un excelente pianista acompañante lo mismo que un elegante y sutil solista, con un manejo de las gradaciones que las obras requieren y una concepción intelectual y estética muy definida respecto de las obras que toca.

El allegro grazioso y vivace de la Sonata nro. 1 en fa menor, opus 120, para viola y piano de Johannes Brahms  (1833-1897) fue interpretada por Maria Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano). Opus producido sobre el final de la producción de la obra de Brahms, originalmente escrita para clarinete, es una obra de gran belleza melódica y complejidad armónica, de la cual pudimos apreciar una excelente versión de su último movimiento.

Catalina Marchini abordó el movimiento andante molto cantabile ed expressivo de la Sonata nro.30 en mi mayor, opus 109 de Ludwig van Beethoven. Del mismo modo que las tres últimas sinfonías de Mozart, podemos considerar a las últimas sonatas para piano de Beethoven como una única obra que inspira un sentimiento de despedida: del género de sonata para piano y de la vida. En sus análisis de las 32 sonatas de Beethoven (Wigmore Hall, 2004/2006) András Shift se refiere a este andante como “el más maravilloso movimiento que Beethoven haya escrito”: un tema con seis variaciones- El tema, que es una suerte de sarabanda inspirada en Bach, en sí mismo sugiere una resignada y feliz despedida. El maestro Shift señala que Beethoven debe haber conocido las variaciones Goldberg[1] muy bien y tomado esa estructura en su serie de variaciones, de muy distinto carácter pero que parecen encaminarse, en conjunto, en un sentido de despedida.

El desafío interpretativo es plasmar esta sutileza expresiva y darle un tempo que –tal como sucede a veces- no debe ser demasiado lento. La frase ha de discurrir en una continuidad en la que las inflexiones son centrales.

Este marco nos sirve para destacar la cuidada y conmovedora interpretación que logró Catalina Marchini de este momento tan caro a la historia de la música.

Por último, Ayelén Isaia (soprano) y Agustín Campo (piano) abordaron las Cuatro últimas canciones, de Richard Strauss (1864-1949). Varado en Suiza, al final de la guerra, sin percibir derechos por sus obras ni poder actuar, Strauss se preguntaba qué hacer: “escriba canciones” le dijo alguien, en lo que fue una suerte de camino para dejar fluir una música despojada e íntima. Inspiradas las tres primeras en poemas de Hermann Hesse y la última en un poema de Joseph von Eishendorf, son una despedida del mundo. Ayelén Isaia leyó cada uno de los poemas antes de cantar las canciones. El último de ellos fue el más significativo: ¡Oh, inmensa y dulce paz,/tan profunda en el crepúsculo!/!Qué cansados estamos después de haber caminado tanto!/ ¿Será ésta quizás, la muerte? La voz cesa, desaparece y la música sigue en un tono esperanzado y resignado a la vez.

Rica en inflexiones y en cambios en las alturas de la línea de canto, es una obra de grandes demandas, técnicas y expresivas, de la cual pudimos apreciar una excelente versión en el canto y el piano.

Tres horas y media de música concluyeron así en el respetuoso silencio que el cierre nos produjo hasta que surgieron de a poco los aplausos.

 

 

Los treinta y cinco años del Campus Musical de la Armonía son indicativos de una vigencia que muchos buscan reeditar y otros descubrir.  ¿Ha el maestro Jordi Mora a lo largo es este muy extenso ciclo dejado una escuela de interpretación y concepción de la música? Es una pregunta difícil de responder porque no parece tratarse de establecer determinados principios sino de abrir la idea de interpretación desde lo formal y los postulados de la fenomenología. En este sentido, pareciera que son los intérpretes quienes han podido optar por su propio camino, lo cual es quizás el mejor postulado de un proceso educativo.  

 

 

Eduardo Balestena

  

 

           

           

           

 

           

           

           

  

           



[1] En la época de Brahms era publicada regularmente la obra de Bach y cada vez que el compositor las recibía, dejaba todo lo que estuviera haciendo para analizarlas; esto no era así en tiempos de Beethoven, donde la obra de Bach no era fácilmente accesible.