jueves, 12 de febrero de 2026

Concierto final de la 35 edición del Campus Musical de Santa María de la Armonía


 


.Director: Maestro Jordi Mora

.Solistas e intérpretes: Florencia Ordoñez (violín); Mariana Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano); Juan Francisco Stella, viola; Juan Manuel Franco, cello; Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni, oboe, Juan Fernando Páez (corno inglés); Ana Paula Rodríguez Nuñez (piano); Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello); Catalina Marchini (piano); Ayelén Isaia (soprano), Agistín Campo (piano)

            .Santa María de la Armonía, Cobo, 11 de febrero, hora 18

           

            El Campus Musical de Santa María de la Armonía tuvo su primera edición en 1991, es decir que la presente fue la trigésimo quinta. Como suele suceder, hubo nuevos participantes y otros que han venido en oportunidades anteriores, lo cual es una constante indicativa de lo que el trabajo llevado a cabo durante la semana en que el campus tiene lugar, les aporta.

            Hay un predominio de músicos jóvenes, en plena formación y también hay otros muy experimentados; según las obras de que se trate, tocan juntos.

            El concierto final es la presentación y celebración de un trabajo y una convivencia musical.

           

           

Primera parte

El extenso programa fue iniciado con la allemanda y giga de la  Partita nro.2 en re menor BWN 1004 de Johann Sebastian Bach (1685-1750) interpretada por Florencia Ordoñez en violín, de gran dificultad técnica en el instrumento, que abordó con gran solvencia y un acabado dominio instrumental.

Maria Juliana Rufail y Juan Simón Tori hicieron lo propio con el adagio y el allegro de la Sonata nro. 2 para viola y teclado en re mayor, BWV 1028, de Johann Sebastian Bach obra de gran musicalidad y dulzura que demanda un gran manejo del fraseo.

Por su parte, Juan Francisco Stella abordó, en viola, el preludio, la sarabanda y la giga de la Suite nro.1 para cello en sol mayor, de Johann Sebastian Bach; el célebre y bellísimo preludio es la puerta de entrada al tan complejo como inagotable mundo de las suites para cello del gran compositor.

El preludio, la sarabanda, el menuet 1 y el 2 y la giga de la Suite para cello nro. 2, en re menor de Johann Sebastian Bach fueron interpretados por Juan Manuel Franco, en cello, que requiere del instrumento una sutil gama de inflexiones.

El Trío para 2 oboes y corno inglés op.87 de Ludwig van Beethoven (1770-1827) fue abordado por Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni (oboe) y Juan Fernando Páez (corno inglés) en los movimientos allegro, adagio y finale-presto. Se trata de una obra de sonoridades netas y rápidas, articuladas en motivos y oírla da la idea de un mecanismo de engranajes tan finalmente encastrado que todo debe ser absolutamente preciso.

Ana Paula Rodriguez Nuñez –a quien entrevistamos en dos oportunidades para el programa De paraíso para usted- fue becada para estudiar en Suiza en 2025 y recientemente en Italia, para 2026; respecto a la edición anterior del campus es dable apreciar la expansión de su abordaje musical, en la oportunidad con la Sonata nro.17, opus 31  “Tempestad”  en re menor, de Ludwig van Beethoven. El trabajo en el campus permitió apreciar la elaborada textura de un opus que discurre, por ejemplo en el tercer movimiento, con la presencia casi constante de un fuerte elemento rítmico –el maestro señala que en música no hay repeticiones: alude a que el elemento es invariable pero al mismo tiempo no lo es, ya que las frases se intensifican y relajan a lo largo de ese discurrir, que se encuentra dado en una armonía tan cambiante como la propia intensidad. Va de suyo que en una textura de tensión/distención permanente, la interpretación solo puede estar lograda si es capaz de plasmar todas las complejidades dinámicas y armónicas que le plantea la partitura. En un dialogo posterior, sin embargo, la intérprete manifestó que el más difícil es el segundo movimiento adagio, en si bemol mayor.

 

Segunda parte

La siguiente secuencia abrió con el allegro del Cuarteto con piano en sol menor, K. 478 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) interpretado por Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello) y Juan Simón Tori (piano). Alumnos del Programa Creciendo en Armonía, los tres intérpretes mencionados en primer término, vienen llevando a cabo una actividad sostenida en el campo musical. Nerea Baldi ingresó a la Orquesta del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y Felipe Garese (a quien entrevistamos oportunamente para el programa De paraíso para usted), entre otras actividades, ha tocado en la Orquesta Estable del Teatro Colón.

La Sonata en do mayor para dos cellos G.74 de Luigi Boccherini (1743-1805) fue interpretada por Juan Manuel Franco y Felipe Garese, que lograron la amalgama sonora que tan bella obra requiere.

Juan Simón Tori, -a quien también pude entrevistar en al menos dos ocasiones- abordó el Nocturno nro. 1 opus 40, de Frederic Chopin (1810-1849) el año pasado lo hizo con la Sonata nro. 23, opus 57, “Appasionata” de Beethoven. Delicadeza sonora, expansión del material temático, la sensación de una línea que va siendo improvisada y luego una gran intensidad, son muy diferentes a las de la obra del año anterior. Juan Simón Tori es un excelente pianista acompañante lo mismo que un elegante y sutil solista, con un manejo de las gradaciones que las obras requieren y una concepción intelectual y estética muy definida respecto de las obras que toca.

El allegro grazioso y vivace de la Sonata nro. 1 en fa menor, opus 120, para viola y piano de Johannes Brahms  (1833-1897) fue interpretada por Maria Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano). Opus producido sobre el final de la producción de la obra de Brahms, originalmente escrita para clarinete, es una obra de gran belleza melódica y complejidad armónica, de la cual pudimos apreciar una excelente versión de su último movimiento.

Catalina Marchini abordó el movimiento andante molto cantabile ed expressivo de la Sonata nro.30 en mi mayor, opus 109 de Ludwig van Beethoven. Del mismo modo que las tres últimas sinfonías de Mozart, podemos considerar a las últimas sonatas para piano de Beethoven como una única obra que inspira un sentimiento de despedida: del género de sonata para piano y de la vida. En sus análisis de las 32 sonatas de Beethoven (Wigmore Hall, 2004/2006) András Shift se refiere a este andante como “el más maravilloso movimiento que Beethoven haya escrito”: un tema con seis variaciones- El tema, que es una suerte de sarabanda inspirada en Bach, en sí mismo sugiere una resignada y feliz despedida. El maestro Shift señala que Beethoven debe haber conocido las variaciones Goldberg[1] muy bien y tomado esa estructura en su serie de variaciones, de muy distinto carácter pero que parecen encaminarse, en conjunto, en un sentido de despedida.

El desafío interpretativo es plasmar esta sutileza expresiva y darle un tempo que –tal como sucede a veces- no debe ser demasiado lento. La frase ha de discurrir en una continuidad en la que las inflexiones son centrales.

Este marco nos sirve para destacar la cuidada y conmovedora interpretación que logró Catalina Marchini de este momento tan caro a la historia de la música.

Por último, Ayelén Isaia (soprano) y Agustín Campo (piano) abordaron las Cuatro últimas canciones, de Richard Strauss (1864-1949). Varado en Suiza, al final de la guerra, sin percibir derechos por sus obras ni poder actuar, Strauss se preguntaba qué hacer: “escriba canciones” le dijo alguien, en lo que fue una suerte de camino para dejar fluir una música despojada e íntima. Inspiradas las tres primeras en poemas de Hermann Hesse y la última en un poema de Joseph von Eishendorf, son una despedida del mundo. Ayelén Isaia leyó cada uno de los poemas antes de cantar las canciones. El último de ellos fue el más significativo: ¡Oh, inmensa y dulce paz,/tan profunda en el crepúsculo!/!Qué cansados estamos después de haber caminado tanto!/ ¿Será ésta quizás, la muerte? La voz cesa, desaparece y la música sigue en un tono esperanzado y resignado a la vez.

Rica en inflexiones y en cambios en las alturas de la línea de canto, es una obra de grandes demandas, técnicas y expresivas, de la cual pudimos apreciar una excelente versión en el canto y el piano.

Tres horas y media de música concluyeron así en el respetuoso silencio que el cierre nos produjo hasta que surgieron de a poco los aplausos.

 

 

Los treinta y cinco años del Campus Musical de la Armonía son indicativos de una vigencia que muchos buscan reeditar y otros descubrir.  ¿Ha el maestro Jordi Mora a lo largo es este muy extenso ciclo dejado una escuela de interpretación y concepción de la música? Es una pregunta difícil de responder porque no parece tratarse de establecer determinados principios sino de abrir la idea de interpretación desde lo formal y los postulados de la fenomenología. En este sentido, pareciera que son los intérpretes quienes han podido optar por su propio camino, lo cual es quizás el mejor postulado de un proceso educativo.  

 

 

Eduardo Balestena

  

 

           

           

           

 

           

           

           

  

           



[1] En la época de Brahms era publicada regularmente la obra de Bach y cada vez que el compositor las recibía, dejaba todo lo que estuviera haciendo para analizarlas; esto no era así en tiempos de Beethoven, donde la obra de Bach no era fácilmente accesible.

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