.Director: Maestro Jordi Mora
.Solistas e intérpretes: Florencia
Ordoñez (violín); Mariana Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano);
Juan Francisco Stella, viola; Juan Manuel Franco, cello; Gilda Lerithier
(oboe), Lis Rigoni, oboe, Juan Fernando Páez (corno inglés); Ana Paula
Rodríguez Nuñez (piano); Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe
Garese (cello); Catalina Marchini (piano); Ayelén Isaia (soprano), Agistín
Campo (piano)
.Santa
María de la Armonía, Cobo, 11 de febrero, hora 18
El Campus
Musical de Santa María de la Armonía tuvo su primera edición en 1991, es decir
que la presente fue la trigésimo quinta. Como suele suceder, hubo nuevos
participantes y otros que han venido en oportunidades anteriores, lo cual es
una constante indicativa de lo que el trabajo llevado a cabo durante la semana
en que el campus tiene lugar, les aporta.
Hay un
predominio de músicos jóvenes, en plena formación y también hay otros muy
experimentados; según las obras de que se trate, tocan juntos.
El
concierto final es la presentación y celebración de un trabajo y una convivencia
musical.
Primera
parte
El extenso programa fue iniciado con
la allemanda y giga de la Partita nro.2 en re menor BWN 1004 de Johann Sebastian Bach (1685-1750)
interpretada por Florencia Ordoñez en violín, de gran dificultad técnica en el
instrumento, que abordó con gran solvencia y un acabado dominio instrumental.
Maria Juliana Rufail y Juan Simón Tori
hicieron lo propio con el adagio y el
allegro de la Sonata nro. 2 para viola y teclado en re mayor, BWV 1028, de Johann Sebastian Bach obra de gran
musicalidad y dulzura que demanda un gran manejo del fraseo.
Por su parte, Juan Francisco Stella abordó,
en viola, el preludio, la sarabanda y la giga de la Suite nro.1 para
cello en sol mayor, de Johann
Sebastian Bach; el célebre y bellísimo preludio es la puerta de entrada al
tan complejo como inagotable mundo de las suites para cello del gran compositor.
El preludio,
la sarabanda, el menuet 1 y el 2 y la giga de
la Suite para cello nro. 2, en re menor
de Johann Sebastian Bach fueron
interpretados por Juan Manuel Franco, en cello, que requiere del instrumento
una sutil gama de inflexiones.
El Trío para 2 oboes y corno inglés op.87 de Ludwig van Beethoven (1770-1827) fue abordado por Gilda Lerithier
(oboe), Lis Rigoni (oboe) y Juan Fernando Páez (corno inglés) en los
movimientos allegro, adagio y finale-presto. Se trata de una obra de sonoridades netas y rápidas,
articuladas en motivos y oírla da la idea de un mecanismo de engranajes tan
finalmente encastrado que todo debe ser absolutamente preciso.
Ana Paula Rodriguez Nuñez –a quien
entrevistamos en dos oportunidades para el programa De paraíso para usted- fue becada para estudiar en Suiza en 2025 y
recientemente en Italia, para 2026; respecto a la edición anterior del campus
es dable apreciar la expansión de su abordaje musical, en la oportunidad con la
Sonata nro.17, opus 31 “Tempestad” en re menor, de Ludwig van Beethoven. El trabajo en el campus permitió apreciar la
elaborada textura de un opus que discurre, por ejemplo en el tercer movimiento,
con la presencia casi constante de un fuerte elemento rítmico –el maestro
señala que en música no hay repeticiones: alude a que el elemento es invariable
pero al mismo tiempo no lo es, ya que las frases se intensifican y relajan a lo
largo de ese discurrir, que se encuentra dado en una armonía tan cambiante como
la propia intensidad. Va de suyo que en una textura de tensión/distención
permanente, la interpretación solo puede estar lograda si es capaz de plasmar todas
las complejidades dinámicas y armónicas que le plantea la partitura. En un
dialogo posterior, sin embargo, la intérprete manifestó que el más difícil es
el segundo movimiento adagio, en si bemol mayor.
Segunda
parte
La siguiente secuencia abrió con el
allegro del Cuarteto con piano en sol
menor, K. 478 de Wolfgang Amadeus
Mozart (1756-1791) interpretado por Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi
(viola), Felipe Garese (cello) y Juan Simón Tori (piano). Alumnos del Programa
Creciendo en Armonía, los tres intérpretes mencionados en primer término,
vienen llevando a cabo una actividad sostenida en el campo musical. Nerea Baldi
ingresó a la Orquesta del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y Felipe
Garese (a quien entrevistamos oportunamente para el programa De paraíso para usted), entre otras
actividades, ha tocado en la Orquesta Estable del Teatro Colón.
La Sonata en do mayor para dos cellos G.74 de Luigi Boccherini (1743-1805) fue interpretada por Juan Manuel
Franco y Felipe Garese, que lograron la amalgama sonora que tan bella obra
requiere.
Juan Simón Tori, -a quien también pude
entrevistar en al menos dos ocasiones- abordó el Nocturno nro. 1 opus 40, de Frederic
Chopin (1810-1849) el año pasado lo hizo con la Sonata nro. 23, opus 57,
“Appasionata” de Beethoven. Delicadeza sonora, expansión del material temático,
la sensación de una línea que va siendo improvisada y luego una gran
intensidad, son muy diferentes a las de la obra del año anterior. Juan Simón
Tori es un excelente pianista acompañante lo mismo que un elegante y sutil
solista, con un manejo de las gradaciones que las obras requieren y una
concepción intelectual y estética muy definida respecto de las obras que toca.
El allegro
grazioso y vivace de la Sonata nro. 1 en fa menor, opus 120, para
viola y piano de Johannes Brahms (1833-1897) fue interpretada por Maria
Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano). Opus producido sobre el final
de la producción de la obra de Brahms, originalmente escrita para clarinete, es
una obra de gran belleza melódica y complejidad armónica, de la cual pudimos
apreciar una excelente versión de su último movimiento.
Catalina Marchini abordó el movimiento
andante molto cantabile ed expressivo
de la Sonata nro.30 en mi mayor, opus
109 de Ludwig van Beethoven. Del
mismo modo que las tres últimas sinfonías de Mozart, podemos considerar a las
últimas sonatas para piano de Beethoven como una única obra que inspira un
sentimiento de despedida: del género de sonata para piano y de la vida. En sus
análisis de las 32 sonatas de Beethoven (Wigmore Hall, 2004/2006) András Shift
se refiere a este andante como “el más maravilloso movimiento que Beethoven
haya escrito”: un tema con seis variaciones- El tema, que es una suerte de
sarabanda inspirada en Bach, en sí mismo sugiere una resignada y feliz
despedida. El maestro Shift señala que Beethoven debe haber conocido las
variaciones Goldberg[1]
muy bien y tomado esa estructura en su serie de variaciones, de muy distinto
carácter pero que parecen encaminarse, en conjunto, en un sentido de despedida.
El desafío interpretativo es plasmar
esta sutileza expresiva y darle un tempo
que –tal como sucede a veces- no debe ser demasiado lento. La frase ha de
discurrir en una continuidad en la que las inflexiones son centrales.
Este marco nos sirve para destacar la
cuidada y conmovedora interpretación que logró Catalina Marchini de este
momento tan caro a la historia de la música.
Por último, Ayelén Isaia (soprano) y
Agustín Campo (piano) abordaron las Cuatro
últimas canciones, de Richard
Strauss (1864-1949). Varado en Suiza, al final de la guerra, sin percibir
derechos por sus obras ni poder actuar, Strauss se preguntaba qué hacer:
“escriba canciones” le dijo alguien, en lo que fue una suerte de camino para
dejar fluir una música despojada e íntima. Inspiradas las tres primeras en
poemas de Hermann Hesse y la última en un poema de Joseph von Eishendorf, son
una despedida del mundo. Ayelén Isaia leyó cada uno de los poemas antes de
cantar las canciones. El último de ellos fue el más significativo: ¡Oh, inmensa
y dulce paz,/tan profunda en el crepúsculo!/!Qué cansados estamos después de
haber caminado tanto!/ ¿Será ésta quizás, la muerte? La voz cesa, desaparece y
la música sigue en un tono esperanzado y resignado a la vez.
Rica en inflexiones y en cambios en
las alturas de la línea de canto, es una obra de grandes demandas, técnicas y
expresivas, de la cual pudimos apreciar una excelente versión en el canto y el
piano.
Tres horas y media de música
concluyeron así en el respetuoso silencio que el cierre nos produjo hasta que
surgieron de a poco los aplausos.
Los treinta y cinco años del Campus
Musical de la Armonía son indicativos de una vigencia que muchos buscan
reeditar y otros descubrir. ¿Ha el maestro Jordi Mora a lo
largo es este muy extenso ciclo dejado una escuela de interpretación y
concepción de la música? Es una pregunta difícil de responder porque no parece
tratarse de establecer determinados principios sino de abrir la idea de interpretación
desde lo formal y los postulados de la fenomenología. En este sentido,
pareciera que son los intérpretes quienes han podido optar por su propio
camino, lo cual es quizás el mejor postulado de un proceso educativo.
Eduardo
Balestena
[1] En la época de Brahms era
publicada regularmente la obra de Bach y cada vez que el compositor las
recibía, dejaba todo lo que estuviera haciendo para analizarlas; esto no era
así en tiempos de Beethoven, donde la obra de Bach no era fácilmente accesible.


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