jueves, 12 de febrero de 2026

Concierto final de la 35 edición del Campus Musical de Santa María de la Armonía


 


.Director: Maestro Jordi Mora

.Solistas e intérpretes: Florencia Ordoñez (violín); Mariana Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano); Juan Francisco Stella, viola; Juan Manuel Franco, cello; Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni, oboe, Juan Fernando Páez (corno inglés); Ana Paula Rodríguez Nuñez (piano); Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello); Catalina Marchini (piano); Ayelén Isaia (soprano), Agistín Campo (piano)

            .Santa María de la Armonía, Cobo, 11 de febrero, hora 18

           

            El Campus Musical de Santa María de la Armonía tuvo su primera edición en 1991, es decir que la presente fue la trigésimo quinta. Como suele suceder, hubo nuevos participantes y otros que han venido en oportunidades anteriores, lo cual es una constante indicativa de lo que el trabajo llevado a cabo durante la semana en que el campus tiene lugar, les aporta.

            Hay un predominio de músicos jóvenes, en plena formación y también hay otros muy experimentados; según las obras de que se trate, tocan juntos.

            El concierto final es la presentación y celebración de un trabajo y una convivencia musical.

           

           

Primera parte

El extenso programa fue iniciado con la allemanda y giga de la  Partita nro.2 en re menor BWN 1004 de Johann Sebastian Bach (1685-1750) interpretada por Florencia Ordoñez en violín, de gran dificultad técnica en el instrumento, que abordó con gran solvencia y un acabado dominio instrumental.

Maria Juliana Rufail y Juan Simón Tori hicieron lo propio con el adagio y el allegro de la Sonata nro. 2 para viola y teclado en re mayor, BWV 1028, de Johann Sebastian Bach obra de gran musicalidad y dulzura que demanda un gran manejo del fraseo.

Por su parte, Juan Francisco Stella abordó, en viola, el preludio, la sarabanda y la giga de la Suite nro.1 para cello en sol mayor, de Johann Sebastian Bach; el célebre y bellísimo preludio es la puerta de entrada al tan complejo como inagotable mundo de las suites para cello del gran compositor.

El preludio, la sarabanda, el menuet 1 y el 2 y la giga de la Suite para cello nro. 2, en re menor de Johann Sebastian Bach fueron interpretados por Juan Manuel Franco, en cello, que requiere del instrumento una sutil gama de inflexiones.

El Trío para 2 oboes y corno inglés op.87 de Ludwig van Beethoven (1770-1827) fue abordado por Gilda Lerithier (oboe), Lis Rigoni (oboe) y Juan Fernando Páez (corno inglés) en los movimientos allegro, adagio y finale-presto. Se trata de una obra de sonoridades netas y rápidas, articuladas en motivos y oírla da la idea de un mecanismo de engranajes tan finalmente encastrado que todo debe ser absolutamente preciso.

Ana Paula Rodriguez Nuñez –a quien entrevistamos en dos oportunidades para el programa De paraíso para usted- fue becada para estudiar en Suiza en 2025 y recientemente en Italia, para 2026; respecto a la edición anterior del campus es dable apreciar la expansión de su abordaje musical, en la oportunidad con la Sonata nro.17, opus 31  “Tempestad”  en re menor, de Ludwig van Beethoven. El trabajo en el campus permitió apreciar la elaborada textura de un opus que discurre, por ejemplo en el tercer movimiento, con la presencia casi constante de un fuerte elemento rítmico –el maestro señala que en música no hay repeticiones: alude a que el elemento es invariable pero al mismo tiempo no lo es, ya que las frases se intensifican y relajan a lo largo de ese discurrir, que se encuentra dado en una armonía tan cambiante como la propia intensidad. Va de suyo que en una textura de tensión/distención permanente, la interpretación solo puede estar lograda si es capaz de plasmar todas las complejidades dinámicas y armónicas que le plantea la partitura. En un dialogo posterior, sin embargo, la intérprete manifestó que el más difícil es el segundo movimiento adagio, en si bemol mayor.

 

Segunda parte

La siguiente secuencia abrió con el allegro del Cuarteto con piano en sol menor, K. 478 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) interpretado por Nadia Baldi (violín), Nerea Baldi (viola), Felipe Garese (cello) y Juan Simón Tori (piano). Alumnos del Programa Creciendo en Armonía, los tres intérpretes mencionados en primer término, vienen llevando a cabo una actividad sostenida en el campo musical. Nerea Baldi ingresó a la Orquesta del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y Felipe Garese (a quien entrevistamos oportunamente para el programa De paraíso para usted), entre otras actividades, ha tocado en la Orquesta Estable del Teatro Colón.

La Sonata en do mayor para dos cellos G.74 de Luigi Boccherini (1743-1805) fue interpretada por Juan Manuel Franco y Felipe Garese, que lograron la amalgama sonora que tan bella obra requiere.

Juan Simón Tori, -a quien también pude entrevistar en al menos dos ocasiones- abordó el Nocturno nro. 1 opus 40, de Frederic Chopin (1810-1849) el año pasado lo hizo con la Sonata nro. 23, opus 57, “Appasionata” de Beethoven. Delicadeza sonora, expansión del material temático, la sensación de una línea que va siendo improvisada y luego una gran intensidad, son muy diferentes a las de la obra del año anterior. Juan Simón Tori es un excelente pianista acompañante lo mismo que un elegante y sutil solista, con un manejo de las gradaciones que las obras requieren y una concepción intelectual y estética muy definida respecto de las obras que toca.

El allegro grazioso y vivace de la Sonata nro. 1 en fa menor, opus 120, para viola y piano de Johannes Brahms  (1833-1897) fue interpretada por Maria Juliana Rufail (viola) y Juan Simón Tori (piano). Opus producido sobre el final de la producción de la obra de Brahms, originalmente escrita para clarinete, es una obra de gran belleza melódica y complejidad armónica, de la cual pudimos apreciar una excelente versión de su último movimiento.

Catalina Marchini abordó el movimiento andante molto cantabile ed expressivo de la Sonata nro.30 en mi mayor, opus 109 de Ludwig van Beethoven. Del mismo modo que las tres últimas sinfonías de Mozart, podemos considerar a las últimas sonatas para piano de Beethoven como una única obra que inspira un sentimiento de despedida: del género de sonata para piano y de la vida. En sus análisis de las 32 sonatas de Beethoven (Wigmore Hall, 2004/2006) András Shift se refiere a este andante como “el más maravilloso movimiento que Beethoven haya escrito”: un tema con seis variaciones- El tema, que es una suerte de sarabanda inspirada en Bach, en sí mismo sugiere una resignada y feliz despedida. El maestro Shift señala que Beethoven debe haber conocido las variaciones Goldberg[1] muy bien y tomado esa estructura en su serie de variaciones, de muy distinto carácter pero que parecen encaminarse, en conjunto, en un sentido de despedida.

El desafío interpretativo es plasmar esta sutileza expresiva y darle un tempo que –tal como sucede a veces- no debe ser demasiado lento. La frase ha de discurrir en una continuidad en la que las inflexiones son centrales.

Este marco nos sirve para destacar la cuidada y conmovedora interpretación que logró Catalina Marchini de este momento tan caro a la historia de la música.

Por último, Ayelén Isaia (soprano) y Agustín Campo (piano) abordaron las Cuatro últimas canciones, de Richard Strauss (1864-1949). Varado en Suiza, al final de la guerra, sin percibir derechos por sus obras ni poder actuar, Strauss se preguntaba qué hacer: “escriba canciones” le dijo alguien, en lo que fue una suerte de camino para dejar fluir una música despojada e íntima. Inspiradas las tres primeras en poemas de Hermann Hesse y la última en un poema de Joseph von Eishendorf, son una despedida del mundo. Ayelén Isaia leyó cada uno de los poemas antes de cantar las canciones. El último de ellos fue el más significativo: ¡Oh, inmensa y dulce paz,/tan profunda en el crepúsculo!/!Qué cansados estamos después de haber caminado tanto!/ ¿Será ésta quizás, la muerte? La voz cesa, desaparece y la música sigue en un tono esperanzado y resignado a la vez.

Rica en inflexiones y en cambios en las alturas de la línea de canto, es una obra de grandes demandas, técnicas y expresivas, de la cual pudimos apreciar una excelente versión en el canto y el piano.

Tres horas y media de música concluyeron así en el respetuoso silencio que el cierre nos produjo hasta que surgieron de a poco los aplausos.

 

 

Los treinta y cinco años del Campus Musical de la Armonía son indicativos de una vigencia que muchos buscan reeditar y otros descubrir.  ¿Ha el maestro Jordi Mora a lo largo es este muy extenso ciclo dejado una escuela de interpretación y concepción de la música? Es una pregunta difícil de responder porque no parece tratarse de establecer determinados principios sino de abrir la idea de interpretación desde lo formal y los postulados de la fenomenología. En este sentido, pareciera que son los intérpretes quienes han podido optar por su propio camino, lo cual es quizás el mejor postulado de un proceso educativo.  

 

 

Eduardo Balestena

  

 

           

           

           

 

           

           

           

  

           



[1] En la época de Brahms era publicada regularmente la obra de Bach y cada vez que el compositor las recibía, dejaba todo lo que estuviera haciendo para analizarlas; esto no era así en tiempos de Beethoven, donde la obra de Bach no era fácilmente accesible.

lunes, 8 de diciembre de 2025

Concierto del cuarteto Aulos en Gavia 1921


 


.Cuarteto Aulos: Paula Diel, violín; Diego Barraza, viola; Emma Chacón Oribe, cello; Gerardo Gautin, fagot

.Gavia 1921, Mar del Plata, 7 de diciembre, hora 20.

 

Formado hace alrededor de un año, sus integrantes lo son también de la Orquesta Sinfónica Municipal; la propuesta musical es diferente en cuanto a la propia formación y al repertorio que aborda.

 

Géneros y épocas que conviven

En la primera parte fueron interpretados el Cuarteto op. 73, en do mayor, para fagot y trío de cuerdas, de Francois Devienne (1759-1803); la Milonga para Mabel y Peluca, de Eduardo Rovira (1925-1980) y Novitango, de Astor Piazzolla (1921-1992) (arreglo de Diego Barraza)

Cada parte de la presentación contó con las explicaciones de Gerardo Gautin (solista de fagot de nuestra Orquesta Sinfónica Municipal y músico de gran formación y trayectoria) quien señaló que la del cuarteto Aulos era una formación muy común hacia finales del siglo XVIII hasta comienzos del XIX, con un gran número de obras que, al caer en desuso tal formación, fueron siendo relegadas y que su valor musical hace necesario que sea necesario su rescate.

En cuanto al compositor, bandoneonista y arreglador Eduardo Rovira, forma parte de la corriente por la cual, músicos como Horacio Salgán y Astor Piazzolla, llevaron al tango de un carácter de acompañamiento  para cantores y bailarines a una forma esencialmente musical (dicho sea de paso, las obras abordadas por la Orquesta de Horacio Salgan son de gran refinamiento musical).

En la segunda parte fueron interpretados el Cuarteto nro. 2 de Franz Danzi (1763-1826), director de orquesta, cellista y compositor alemán. Obra extensa y de trabajada elaboración musical.

Mar del Plata 70, de Astor Piazzolla, con arreglo de Diego Barraza, siguió en el orden del programa. Se trata de un trabajo que el compositor dedicó especialmente a nuestra Orquesta Sinfónica, lo cual resulta más significativo en el 80 aniversario del organismo. Es una obra rápida, muy compleja rítmicamente y en sus dinámicas y fraseo.

El concierto concluyó con Zita, de Astor Piazzolla, con arreglo de Diego Barraza.

De este modo, la propuesta musical de Aulos es la del rescate repertorios poco conocidos pero dignos de conocer y de escuchar que implica abordar aspectos tales como la sucesión de distintas formaciones a lo largo del tiempo y la existencia de un repertorio amplio para ellas. Como es posible apreciar, ello demanda además un trabajo de arreglo de obras no pensadas para esta formación.

Se trata de una propuesta diferente, que abre la percepción a distintos lenguajes y con requerimientos interpretativos muy diferentes.

 

 

Eduardo Balestena

 

lunes, 9 de junio de 2025

Concierto de Ciro Alejandro Rolón en Villa Victoria Ocampo


 


.Ciro Alejandro Rolón, piano

.Centro Cultural Villa Victoria Ocampo, Mar del Plata, 9 de junio, hora 18.

 

            El pianista Ciro Alejandro Rolón se presentó en el Centro Cultural Villa Victoria Ocampo con un ecléctico y medular programa dedicado al romanticismo musical.

           

El Impromptu nro. 2, opus 90 en mi bemol mayor, de Franz Schubert  (1797-1828) fue la primera obra del concierto.

 “In promptu”: de improviso. El mismo nombre establece el carácter de invención pura que, en un opus ya avanzado de la producción, significa un fluir melódico que, como suele suceder en Schubert, se basa en la reiteración y la transformación al mismo tiempo, en compás de ¾, pie ternario que le confiere un carácter danzante. En este caso, el tema central es una rápida sucesión que transita de manera descendente, permanece en un centro y asciende nuevamente, hasta un segundo sujeto.

Su carácter encantador, amable y de enorme belleza melódica -debe ser así en una buena interpretación- encubre la enorme dificultad técnica que reside en darle continuidad y fluidez a pasajes rápidos y dificultosos.

El Impromptu nro. 4 Allegretto, en la bemol mayor y en compás de ¾, el Episodio central en do sostenido menor le brinda un contraste expresivo de su melodía siguió al anterior, del mismo modo que este comienza con una melodía en cascada pero luego de una reiteración conduce a un episodio más relajado, pero no por mucho tiempo, sucedido por otro motivo, en una línea melódica que parece una canción. Unidad, variedad, distintas intensidades, y un fraseo que debe expresar la ductilidad de las melodías –en sus cambios y en su fluir-. Los impromptus, en su brevedad, son sin embargo obras mayores del repertorio.

 

La Sonata nro. 23 en fa menor, opus 57, “Appassionata” de Ludwig van Beethoven (1770-1827) fue la siguiente obra.

Tal como aclaró el intérprete, el nombre por el que es conocida le fue dado por el editor. En su monumental serie de análisis de las 32 sonatas de Beethoven (Wigmore Hall, Londres 2004-2006)  András Schiff señala que el nombre apropiado debió ser sonata “trágica”, debido al clima misterioso del elemento inicial –un pasaje misterioso en unísono con notas separadas por dos octavas, que le da una amplitud acechante-, uno que es suave y lento, como en la mayor parte de las sonatas beethovenianas del periodo de madurez, agrega que es uno de los monumentos de la música occidental.

Es mucho lo que se podría hablar de esta obra central del repertorio pianístico, que expande el lenguaje en direcciones que podremos reconocer por ejemplo en las sinfonías de Brahms: sencillez de los temas centrales y una gran elaboración de ellos, llevados a otras tonalidades, invertidos, fragmentados y expandidos hasta su cierre por otro elemento –en el caso del primer movimiento de esta sonata por el “tema del destino” de la quinta sinfonía.

Si bien el segundo movimiento, Andante con moto, tema con tres variaciones construido en pocas notas, es amable, sin dejar de lado la intensidad, el primer movimiento Allegro assai en un metro de 12/8, lo que le da cierto carácter marcado  e imperativo, es en sí un universo sonoro. No nos vamos a detener en cada elemento pero sí conviene, para darle la importancia que tuvo en esta presentación, reparar en algunos de ellos, por ejemplo en el estallido que sigue a este motivo inicial, con un pasaje intenso, a la vez legato y stacatto, lo cual es en sí mismo de gran dificultad (lo mismo sucede en el pasaje de las octavas, que encontramos en el trío del scherzo del segundo  concierto para piano de Brahms: Beethoven abre un mundo de posibilidades).

Conviene reparar en estas cuestiones cuando un intérprete se presenta con obras como esta, porque de otro modo nos quedaríamos en la superficie.

Como es habitual en muchas de sus obras, el tercer movimiento surge sin interrupción luego del segundo y es, asimismo, de gran fuerza y complejidad.

 

El Intermezzo nro. 1 en mi menor, del compositor mexicano Manuel Ponce (1882-1948) siguiente, con su bella y sencilla calma vino a disipar la tensión de la sonata. La idea central del concierto era la de presentar formas del romanticismo, en este caso, en el seno de un movimiento de música nacional, el componente romántico –que recuerda a obras como las escenas románticas de Granados- está dado en el carácter sereno y contemplativo.

 

Le sucedió el Momento musical nro. 3, opus 16, andante cantabile en si menor de Sergei Rachmaninoff (1873-1943). Las obras de bravura alternan con momentos de serena nostalgia en el gran compositor de Novgorod, tal el caso de este bellísimo momento musical, que discurre como una ordenada improvisación que plantea una narrativa de enunciado, medio y final.

 

El concierto finalizó con el Estudio opus 25, nro 12, en do menor; el Nocturno en do sostenido menor, opus póstumo y el Scherzo nro. 2 en si bemol, opus 31, de Frederic Chopin (1810-1849)

En el documental El viajero inquieto que muestra al pianista Piotr Anderszewski en un largo viaje en tren por los paisajes nevados de Polonia, con su piano, el músico señala de Chopin esa “ebullición tan ordenada”, a propósito de la invención pura y las sonoridades tan propias de su música, invención que es muy minuciosamente trabajada: ímpetu y refinamiento al mismo tiempo, a lo que cabe agregar el manejo de sonoridades amplias, rápidas y momentos de enorme calma y dulzua que demandan un gran manejo del tempo rubato (el retardar y moldear un sonido según las necesidades expresivas). Tal el Scherzo, compuesto en 1837.

 

Ciro Rolón se refirió breve y precisamente a cada obra con aquello más característico de cada una: el compositor, su lenguaje, el carácter. Es un eficaz presentador que al par que estos aspectos connota lo que cada opus abordado significa para él.

En la conversación posterior señaló la primacía del aspecto interpretativo sobre el técnico y la necesidad del intérprete de ahondar en lo estético, máxime en el lenguaje romántico en el cual el compositor transmite algo que está más allá de las formas que lo sostienen.

Fue un concierto de obras de gran relevancia en la literatura pianística que alternó obras de distinto carácter, cada una con su diferente grado de dificultad.

Ciro Rolón es un pianista muy seguro de su estética y de sus posibilidades que lleva a cabo una actividad sostenida.  

El mismo programa se repite en el Teatro Municipal Colón el 10 de junio.

 

 

Eduardo Balestena

miércoles, 12 de febrero de 2025

Concierto final de la 34ta. Edición del Campus Musical de Santa María de la Armonía


 

.Director: Maestro Jordi Mora

.Solistas e intérpretes: Felipe Garese (violoncello); Nadia Baldi (violín); Fanny Suárez (piano); Juan Simón Tori (piano); Erika Falzuk (canto); Rosario Turco (piano); Ana Paula Rodríguez (piano); Mariana Bianchetto (canto); Federico Servin (piano); Juan Ignacio Videla (piano); Esther Lovato Radische (violoncello); Joaquin Freier (piano); Fiorella Sacco (violín); Juan Francisco Stella (piano); Jazmín Victoria Pieres (canto); Juliana Rufail (viola); Carolina Cho (piano)

           

            La edición de 2025 del Campus Musical de Santa María de la Armonía fue la trigésima cuarta desde su inicio en 1991.

            Como es habitual, el intenso programa de actividades con las distintas obras elegidas por los alumnos para trabajar a lo largo de los días que dura el campus finaliza con el concierto final en el cual son interpretadas, parcial o totalmente, las referidas obras.

           

Primera parte

Alumno del proyecto Creciendo en Armonía, Felipe Garese interpretó la Suite nro. 3 en Do M, BWV 1009, de Johann Sebastian Bach (1685-1750) que, en su precisa arquitectura requiere un fraseo determinado y una gran variedad de inflexiones en cada uno de los ritmos de danza.

El Alegro con spirito de la Sonata para violín y piano K. 301, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) fue interpretada por Nadia Baldi en violín y Fanny Suárez en piano. El requerimiento, en este caso, es el de la transparencia y riqueza melódica propias del lenguaje mozartiano.

El Adagio de la Sonata en sol m BWV 1029 de Johann Sebastian Bach fue abordado seguidamente por Nerea Baldi, esta vez en viola, y Juan Simón Tori.

Erika Falzuk (canto) y Rosario Turco (piano) tocaron los lieder Das Verlassene Mägdlein y Begegnung, de Hugo Wolf (1860-1903) de gran belleza en la línea de la delicadeza de la línea de canto propia del compositor.

Ana Paula González interpretó los movimientos III Menuetto- Allegretto y IV Prestissimo de la Sonata nro. 1 en fa m, opus 2, nro. 1 de Ludwig van Beethoven (1770-1827) y la Tarantelle Stryenne, de Claude Debussy (1862-1918) muy cómoda en obras de gran exigencia, la pianista de 13 años que participó asimismo en el Campus Musical de Bariloche, fue seleccionada para proseguir su experiencia musical en Ginebra.

Marianella Bianchetto (canto) y Federico Servin (piano) abordaron An die musik, de Franz Schubert (1797-1828); Verbongenheit, de Hugo Wolf; y Ein Traum, de Edvard Grieg (1843-1907). De una voz dulce, honda y flexible a la vez Marianela Bianchetto es una gran cantante de cámara.

La Sonata nro. 17, op. 31, La Tempestad, de Ludwig van Beethoven (1770-1827) fue interpretada por Juan Ignacio Videla, un pianista de enorme versatilidad que obtuvo una muy lograda versión de este opus.

 

Segunda parte  

La Suite nro. 1 en sol M, BWV 1007 de Johann Sebastian Bach fue la obra que, una vez transcurrido el intermedio, interpretó Esther Lovato Radiske, de Brasil en una muy lucida performance de tan conocido opus.

El I Allegro assai de la Sonata nro. 23, opus 57, “Appasionata” de Ludwig van Beethoven fue abordado por Juan Simón Tori, que el año anterior hizo completo el Carnaval de Schumann. Su versión de esta obra fue del más alto nivel. La unidad de los diversos materiales beethovenianos –intensidad, tensión, distensión, enlace de un elemento con otro- se encuentra en el tempo, uno que debe ser muy justo. Todo cambia todo el tiempo pero dentro de un orden.

La Chanson Espagnole de Maurice Ravel (1875-1937) y los lieder Du bist die Ruth, op.59 nro 3, D 776 y Gretchen am Spinnrade opus 2, D. 118  de Franz Schubert fueron interpretadas por Marianela Bianchetto (canto) esta vez con Joaquín Freier (piano). Nuevamente lució la belleza de una voz con todos los matices que obras tan refinadas demandan.

Fiorella Sacco (violín); Juan Francisco Stella (viola) y Josue Silva Castro (piano) tocaron Tres canciones rusas para violín, viola y piano, de Mikhail Glinka (1804-1857) de gran brillo melódico y alternancia sonora entre los diversos instrumentos.

La mort m´apparait  souriante (Orphée aux enfers, de Jaques Offembach (1819-1880); Vaga luna che inargenti, de Vincenzo Bellini (1801-1835) y Stäandchen (aus Cymbeline)  de Franz Schubert, fueron interpretadas por Jazmin Victoria Pieres (canto) y Juan Ignacio Videla (piano). De una cristalina, dúctil y expresiva voz la cantante abordó estos trabajos de lenguajes y demandas muy distintos.

Juliana Rufail (viola) y Carolina Cho (piano) tocaron los movimientos I Allegro appasionato y II Andante un poco adagio  de la Sonata para viola y piano op. 120, nro. 1 de Johannes Brahms (1833-1897) que implica un diálogo muy cerrado entre ambos instrumentos, que alternativamente presentan el elemento melódico en ese timbre refinado y sin estridencias propio de las obras del gran compositor.

La Premiere Rhapsodie para clarinete y piano de Claude Debussy por Roberto Gutiérrez en clarinete y Juan Ignacio Videla (piano) cerró el programa. Es un opus verdaderamente virtuoso y de gran dificultad técnica en todos los matices de ambos instrumentos, con pasajes extremadamente rápidos en el clarinete y una textura muy cerrada en el dialogo permanente con el piano. Roberto Gutiérrez ya había demostrado ser un virtuoso del instrumento, asimismo Juan Ignacio Videla demostró tanto su versatilidad como su gran talento como pianista.

La obra estuvo dedicada al maestro Carlos Céspedes, fallecido prematuramente, quien la interpretó en el campus un cuarto de siglo atrás. Destacado por el maestro Mora como un gran músico, fue profesor de Roberto Gutiérrez.  

 

El campus es un espacio de confluencia de experiencias, técnicas, estéticas y filosóficas acerca de la música donde confluyen músicos profesionales experimentados con alumnos avanzados. Fueron numerosos los participantes de este año, algunos nuevos, otros que lo han hecho anteriormente.

La ocasión de hacer música es un momento privilegiado en el que algo, que es el producto de un gran trabajo previo, brilla, nos deslumbra y nos señala un camino.  

 

 

 

           

 

Eduardo Balestena

   

 

           

           

           

 

jueves, 20 de junio de 2024

Recital del Florilegium Musicum


 

 Fundado en 1981 por la maestra Graciela Plancic, el Florilegium Musicum es un conjunto de música antigua de extensa trayectoria.

            El pasado 15 de junio brindó un recital en un ámbito privado, marco intimista para una música que, además de su belleza, presenta numerosos aspectos de interés: por la hermosura de las obras,  el significado que tuvieron en su época, a lo largo del extenso arco que abarcó el recital - desde la baja edad media al barroco- y por las explicaciones que permitieron guiar su escucha.

            Fueron interpretadas Cinco cantigas de Alfonso X “El Sabio” (1221-1284), para rave, fídula, arpa, picos y percusión; A l´entrada del temps clar, anónimo, para picos, cromornos y percusiones; Saltarello, Italia, siglo XII, para flauta soprano y dos panderetas; Schiarazula Marazula, de Giurgio Mainiero (1530-1582), para arcos, bordones y cañas; Fantasía para tres flautas, de Thomas Morley (1557-1602), para dos flautas soprano y flauta alto de pico; Greenseleeves, para violín barroco, flauta, arpa medieval y cuerdas; Chaconna The Fairy Queen, de Henry Purcell (1659-1695), para cuerdas, soplos y continuo; Largo del concierto El Invierno, de Las Cuatro Estaciones, de Antonio Vivaldi (1678-1741), para violín barroco y tres violas da gamba; Marcha “para la ceremonia de los turcos” , de Jean Baptiste Lully (1632-1687); Dos danzas a la diosa de la danza “Terpsichore”: Süagnoletta y Courante, de Michael Praetorius (1571-1621) y Oy comamos y bebamos, de Juan del Encina (1468-1529).

           

            Como es posible apreciar, en el programa hay tanto obras muy conocidas como piezas de extracción religiosa y danzas y ritmos que acompañaban a la vida cotidiana.

            La rica y extensa charla con la maestra Graciela Plancic, luego del concierto, se refirió –lo mismo que su exposición durante las obras- a la descripción de los instrumentos, a los dialectos en que las obras eran cantadas, a su dinámica y al modo en que, originadas en gran parte en una época marcadamente  oral, como la Edad Media, lograron llegar hasta nosotros. Un capítulo fascinante que también abordo el maestro Horacio Lanci en sus programas Curiosidades medievales  y Carmina Burana, de  su serie Un viaje al interior de la música.

            Afinación diferente a la actual, modos antiguos, una textura donde hay variaciones tanto como líneas lentas y envolventes, el solo hecho de estar ante ese instrumental es de por sí una experiencia: el arpa medieval, de forma triangular; las flautas dulces y sus registros; los cromornos, con su arco curvo y doble lengüeta. El ravé morisco es un instrumento cordófono con arco curvo, de tres cuerdas, afinado en quintas; la fídula es un antecesor de las violas da gamba. Pudimos apreciar a las violas da gamba en sus distintos registros, tal como aparecen en la película Todas las mañanas del mundo y recordar a Mari Marais, cuando decía que el instrumento podía abarcar todas las gradaciones de la voz y los sentimientos humanos. La mandora es un instrumento de cuerda, de cuatro órdenes de cuerdas, dos simples y dos dobles; el violín barroco, con un arco diferente y sin microafinadores, el teclado afinado con registro de clave. Una gama de voces muy distintas entre sí.

            También la percusión es variada: el tambor de copa, llamado también debake o tov;  las castañuelas, el sistro: tabletas de metal apoyadas sobre una pequeña caja de resonancia; el aro con sonajas; panderetas; triángulo, campanita y cascabeles.

            No es fácil conseguir tales instrumentos, adquiridos privadamente por los integrantes del conjunto, alguna vez gracias a los préstamos del Fondo Nacional de Las Artes. Es posible conseguir algunos en el país y el resto en Europa –sobre todo en Alemania e Inglaterra- y en Estados Unidos.

            Hacer música antigua parece ser una especie de cruzada y de entrega.

            La maestra Graciela Plancic y su esposo, el violoncellista Alfredo Bouvier contaron sus encuentros con Jordi Savall, a quien siguieron en actuaciones europeas y que invitó a la maestra Plancic a que probara su viola da gamba, un objeto prácticamente sagrado para ella.

            Fue un viaje en el tiempo y también hacia el interior, al rescate de antiguos sonidos y de la actitud y decisión que lleva a poder producirlos.

            La pasión por la Edad Media los llevó al estudio de la gastronomía, buscando libros de recetas anteriores a la llevada de los españoles a América –es decir sin papa ni tomate- y también a hacer el vino hipocrás, muy presente hasta el siglo XVIII, que, elaborado por la propia maestra Graciela Plancic pudimos degustar: un vino vigorosamente especiado, con las proporciones justas de ingredientes.

           

            El conjunto Florilegium Musicim está integrado por: Mariela Acuña, flautas de pico, cromornos y percusión; Nadine Pilcic: flautas de pico, cromornos; Verónica Giné: fídula, viola da gamba; Alfredo Bouvier, viola da gamba, laúd. Percusión; Graciela Plancic: flautas de pico, mandora, viola da gamba y percusión.

            Como músicos invitados participaron: Josefina Lyall, violín barroco; Florencia Olivieri, ravé morisco; Felipe Genovese, contrabajo; Leopoldo Gaillour, arpa medieval y continuo.

            Egresada de la Universidad Nacional de Rosario, la maestra Graciela Plancic integró el Conjunto Pro-Música de Rosario y  participo en giras en el país, Estados Unidos y Centro y Sud América. Es directora de coros y ha llevado una extensa actividad en la investigación, que la hizo acreedora al título “Mérito Académico” y ciudadana ilustre, por sus investigaciones académicas. Es además una excelente animadora.

            La música es siempre un viaje que emprendemos, uno en el cual alguien nos ensena un camino, algo nuevo y nos brinda una experiencia que es lo que es a costa del estudio, la dedicación y la entrega.   

 

           

 

Eduardo Balestena

domingo, 7 de abril de 2024

Concierto de celebración del vigésimo aniversario del Proyecto Creciendo en Armonía


 

.Directora musical: Maestra Ulrike Flemming

.Orquesta Infantil; Orquesta Juvenil y Camerata del Proyecto Creciendo en Armonía.

.Capilla del Espacio Unzué, 5 de abril, hora 18,30.

 

            El concierto, que tuvo lugar en la bellísima capilla bizantina del  Instituto Unzué, permitió apreciar parte de los resultados de veinte años de trabajo del proyecto que, a iniciativa de la maestra Ulrike Flemming –quien creó una fundación en Alemania a efectos de financiar en gran parte el referido proyecto- y de la Asociación Servidoras de la Fundación Cultural Argentina, viene no solo formando músicos sino también llevando a cabo una amplia labor social.

 

            En el comienzo, la Orquesta Infantil, con la dirección del maestro Héctor Rodríguez, docente del proyecto y hoy violista de la Orquesta Sinfónica Municipal, abordó de Helen Burterworth, Entrada, Jazzy Beat, y Sword Dance  y de K. Badelt, Lavender y Moore un arreglo de Piratas del Caribe.

 

            Posteriormente, la Orquesta Juvenil, bajo la dirección de la maestra Ulrike Flemming, abordó la Obertura de la música de los reales fuegos de artificio de George Frederich Händel (1685-1759) y, seguidamente,  de la compositora Regine Nosske, la Suite Ecuador (1957) una  obra muy rica musicalmente, en lo melódico, rítmico y tímbrico. Rápida y variada, las frases de las flautas y el clarinete se destacan sobre la base de una cuerda que alterna la función de soporte armónico y llevar la melodía principal.

            Se trata de una obra muy interesante, poco frecuente y digna de ser conocida.  

              

            El programa prosiguió con la actuación de la Camerata, que abordó la Serenata en mi mayor opus 22 de Antonin Dvorak  (1841-1904).

            La Camerata está integrada por alumnos avanzados, algunos de ellos becados para continuar sus estudios en Buenos Aires, y docentes –entre ellos Aron Kemelmajer, Daniel Zucchiatti y Héctor Rodríguez- .

            Si bien se trata de una obra bastante temprana del gran compositor checo es muy elaborada en el aspecto formal y sus requerimientos musicales son muy grandes. Es extensa y utiliza numerosos recursos, lo cual la hace compleja.

            Muchos de los recursos del lenguaje posromántico están presentes en ella: a partir de un bellísimo motivo inicial y su respuesta va tejiéndose un rico tejido entre las distintas secciones de las cuerdas, en el cual el compositor emplea el aumento –tomar parte de un motivo y exponerlo a un tempo lento- como alternancia con la melodía central; la inversión parcial de un fragmento y la transformación motivíca en elementos vinculados al motivo inicial.

            El cambio dinámico es permanente: la variación de la intensidad de los volúmenes es parte de lo central del lenguaje de esta obra, así como el diálogo entra una y otra sección. Un ejemplo es el bellísimo Larghetto

            El contrapunto y el fugatto son recursos que –en esta mirada al pasado a la vez que al presente-  Dvorak utiliza: Por ejemplo, el Tempo di valse, en la sección que sucede a la inicial (AA´BB´AA´) incluye un cerrado contrapunto. El Finale, Allegro vivace está escrito como un complejo y extenso  fugatto que alterna con el tema inicial en un episodio final. El propio final es un marcado accellerando donde se produce, casi abruptamente, una subdivisión de 4/4 a 2/2.

            Basten estas referencias para apreciar que el solo el hecho de abordar esta obra es en sí significativo del nivel instrumental alcanzado en una muy buena versión de este opus tan entrañable del gran músico checo.

 

            El programa concluyó con la integración de la Orquesta y la Camerata interpretando la Danza Húngara nro. 5 de Johannes Brahms (1833-1897); Ceylon: Tango Malaya, de I. Andree/Ch Amann y Tico Tico no Fubá, de Z Abreu/J.Kazik (1880-1935)

 

            Orquestas Infantil y Juvenil y Camerata hicieron del concierto una presentación de los diversos niveles del trabajo de un proyecto que lleva dos décadas: fue desde la etapa inicial a una elaborada performance de una obra tan representativa como la serenata opus 22 de Antonin Dvorak.

           

 

Eduardo Balestena

domingo, 31 de marzo de 2024

Veinte años de actividad del proyecto Creciendo en Armonía



       

 

 Sábado por la mañana, una vez más llego hasta lo que fue el lugar de guardado de carruajes de la Estancia Santa María de la Armonía, antiguo espacio acondicionado a lo largo del tiempo y de muchas etapas para que funcione cómodamente el programa Creciendo en Armonía. Hoy en día, han sido agregadas nuevas aulas en una edificación anexa al edificio principal. Como todos los ambientes allí, las aulas llevan nombres de músicos: Bach, Beethoven, Mozart…

Hay muchos chicos en clase y la orquesta infantil ensaya con su maestro en un gran espacio con un hermoso piso de madera que un benefactor –como muchos otros- ha donado. Otros juegan, otros hacen apoyo escolar.

Una de las primeras veces que conversamos sobre este programa con Suky Pérez, directora de la actividad del Campus Musical de Santa María de la Armonía y del proyecto, era en invierno, también un sábado, frente al fuego de un hogar a leña  en el lugar donde hoy se dan las clases de apoyo escolar. Días cortos de invierno en los que se hace pronto la noche.

Cada vez que vengo hay algo más: las nuevas aulas, los espacios que cambian de uso y se expanden, otros profesores, otros alumnos.

Algo sin embargo no cambia: el movimiento, la actividad, el trabajo.

Martes, jueves y sábados los quehaceres son intensos, primero el ir a buscar a los chicos a la salida de la escuela, luego las clases, la merienda y el regreso. Los sábados la actividad comienza a las diez de la mañana y se extiende hasta las 17, con desayuno, almuerzo, merienda, además del transporte.

La organización de todo lo que implica llevar adelante el proyecto es precisa, efectiva y el resultado de personas que trabajan en él por pura vocación.

 Conversamos con Suky Pérez y Leila Albóniga en la sala de los instrumentos y partituras. No les interesa que figuren sus nombres; la tarea es lo importante, no las personas. Entran s salen chicos. Buscan un instrumento, dejan una partitura: nada se detiene.   

 

La música: medio y fin

 

“Creciendo en Armonía” es un Proyecto de la Fundación Cultural Argentina conjuntamente con la institución de vida consagrada Servidoras, que quiere brindar por medio de la música a chicos y jóvenes de zonas semi rurales una oportunidad de crecimiento y un futuro distinto para sus vidas.”

De este modo es definida la naturaleza y actividad de este programa en su página web (https://www.creciendoenarmonia.com). Hoy en día el proyecto nuclea entre 90 y 100 alumnos que comienzan su aprendizaje a los 7 años. Provienen de las áreas semi rurales que van desde la autovía 2 y Champagnat a la Estancia Santa María de la Armonía. Sin embargo, una niña estudiante de contrabajo llega desde Santa Clara del Mar.  

 

El Campus Musical funciona desde 1991 y en una de sus ediciones, en 2004, la violinista Ulrike Flemming, presente en dicha activiad,  vio a unos niños en los jardines de la casa; preguntó quiénes eran; la respuesta fue que se trataba de un grupo al que se les enseñaba catequesis “¿Y por qué no les enseñamos música?“  Propuso.   

            A partir de esa idea creó en Munich, Alemania la fundación Kinder in Armonia, cuya actividad musical está destinada a recaudar fondos para el proyecto y también orientada a la donación de instrumentos, cuya dotación se completa con otros más aportados en la Argentina por otros benefactores. Las Servidoras y la Fundación son los sostenes económicos de la actividad.

            Los instrumentos requieren de un luthier encargado de su acondicionamiento y mantenimiento, de partituras y de espacios para el guardado en las condiciones en que los instrumentos lo requieren.

            Doce reconocidos profesores constituyen el cuerpo docente, algunos, como Aron Kemelmajer o Daniel Zucchiatti, están desde hace años colaborando en la enseñanza. Estos nombres, por sí mismos, dan una idea de la calidad de la enseñanza que se imparte.

            La música es un fin, nos dicen, pero también es un medio: provee a los niños de un objetivo, un trabajo, un desarrollo de habilidades y un horizonte de intereses que les permitirá a algunos tener a la música como profesión y a otros, tener un ámbito de experiencias, vínculos, y expectativas.

De este modo, la experiencia musical es acompañada de apoyo escolar, la escucha de los problemas y la búsqueda de soluciones.

 

Un círculo

El transcurso del tiempo ha significado arias cosas: vencer obstáculos, seguir creciendo, lograr un sistema de becas y que alumnos del proyecto hoy sean docentes de ese ámbito que contribuyó a formarlos. Máximo Paz, por ejemplo, concursó y obtuvo una plaza en la Orquesta General San Martín, de Buenos Aires.

            La pandemia nos forzó a encontrar los medios de llevarles el material para que siguieran trabajando y significo que la actividad no se detuviera” señalan.

            Hoy, se cuenta con una orquesta infantil, una juvenil y una camerata, formada por alumnos avanzados y profesores.

            Las becas permiten que haya alumnos que tomen clases en Buenos Aires y otros –como Sofía Carmona, concertino de la Orquesta del Campus- que residan en esa ciudad y vayan insertándose en los circuitos profesionales de la música. Otros alumnos son becados para participar en el Campus Musical.

            Hace pocos años, una organización internacional que promueve un proyecto anual en distintas partes del mundo eligió el proyecto Creciendo en Armonía. La ayuda se hizo efectiva en la forma de mejoras en muchos de los hogares de los alumnos del proyecto, en busca de desarrollar su entorno de vida y de estudios, para lo cual fue llevado a cabo un relevamiento de los hogares que permitió seleccionar aquellos que serían objeto de intervención.

            El problema central sigue siendo la falta de transporte desde las zonas aledañas a la Armonía hasta la sede del proyecto y no parece haber una solución posible a tal problema.

            Creciendo en Armonía ha brindado, a lo largo de dos décadas, una formación musical, un horizonte de expectativas y conformado un polo de actividad docente, formadora y musical. La directora musical es la violinista y educadora Ulrike Flemming; la directora general es la profesora Romilda Pérez, y la coordinadora general es la Lic. Leila Albóniga, también María Sara Cafferata y Alicia Basta trabajan permanentemente en el proyecto.

            La página web citada más arriba y su vínculo a la red Facebook brindan no sólo una información completa acerca de la actividad sino que es un canal de comunicación para quienes deseen colaborar con el proyecto.

             El aprendizaje de la música implica la persecución de un objetivo, el desarrollo de destrezas intelectuales y físicas, la participación en una tarea común, donde se depende de los otros y la exploración de un ámbito.

            La actividad de Santa María de las Armonía ha significado, desde 1991 y desde 2004, el surgimiento de dos polos importantes: el Campus Musical y el Proyecto Creciendo en Armonia y ello ha sido así gracias a un esfuerzo de permanente entrega por parte de quienes los llevan adelante.

           

 

 

  

           

           

   

 

 

 

 

Eduardo Balestena